Fuente: pinterestEl lugar desde el que departía su sabiduría sobre la psique se situaba en una geolocalización privilegiada. Una casa en primera línea de playa que permitía a las olas del mar golpear, con esa frecuencia de fondo específica de profesional surfista, el latido de los corazones de sus pacientes solo para conseguir mantener la calma. Y ella lo sabía.
Esa tarde de finales de noviembre un compañero de trabajo en la Universidad la visitó y, aprovechando su propuesta de caminar por el paseo marítimo, le habló de una alumna de segundo curso con ciertas características que le inquietaron al tratar con ella. Como conocía sus investigaciones actuales que triangulaban una fuerte discusión sobre el inconsciente clásico, el nuevo inconsciente o los toques saldados por el surrealismo mágico de su vertiente cuántica quiso proponerle un encuentro. Aunque debía ser muy bien calculado y organizado para no asustarla.
A diez metros de la puerta del despacho en primera línea de la playa, se detuvieron y claudicaron ante la caída del sol tomando un improvisado asiento en el muro del paseo.
—¿Qué es lo que te hace pensar que tiene relación con mi investigación? —le preguntó distraída levantando una de sus piernas para apoyarla sobre la otra.
—Me llamó la atención. Ya sabes...el hecho de que a veces su mirada se retrotrajera, como si se vaciara mientras habla.
—Um...susurró... —aquel parecía ser un rasgo reconocido y susceptible de añadir a una lista —. Hay pocos individuos así...cierto. Ya hemos hablado sobre esto antes.
—Sobre lo que n-o h-e-m-o-s h-a-b-l-a-d-o —dijo enfatizando—es sobre su influencia sobre los demás.
—¿Perdón? —preguntó prestándole por fin atención completa. Esa que hasta ese mismo instante se mantenía a medio gas por aquello de la multitarea.
—No te lo vas a creer, pero he observado que, hay veces que al tratar con otras personas, parece, y solo digo que parece...que las identifica, las selecciona...ya sabes...
—No...no sé. ¿Qué significa que las identifica y las selecciona? ¿Para qué? —insistió en preguntar arrugando su frente para concentrarse.
—Quiero decir... que las selecciona para hablar con ellas, pero en realidad no habla con ellas. Su conversación siempre parece tener un doble sentido. También sus ojos, los de las personas con las que habla...quiero decir —expresó con voz temblorosa— se vacían por un breve espacio de tiempo. ¿Entiendes? Creo que tiene relación con lo que estás investigando, ¿no?
Un silencio incómodo se instaló en la conversación mientras el sol completaba, en ese mismo instante, su fase crepuscular de aquel domingo otoñal.
—¿Cuándo puedo verla?—preguntó taxativa.
—¿Vas a volver a la hipercivilización?¿Tú?¿En serio?
—Sí. ¿Qué problema le ves?
—¿Problema? Yo ninguno...pero es que no sales de este oasis particular desde hace 5 años.
—Pues ya ves. Toca salir cuando toca salir.
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Versión mejorada de la IA
El lugar desde el que departía su sabiduría sobre la psique se situaba en una geolocalización privilegiada: una casa en primera línea de playa que permitía a las olas del mar golpear, con esa frecuencia de fondo específica de surfista profesional, el latido de los corazones de sus pacientes solo para conseguir mantener la calma. Y ella lo sabía.
Esa tarde de finales de noviembre, un compañero de trabajo en la universidad la visitó y, aprovechando su propuesta de caminar por el paseo marítimo, le habló de una alumna de segundo curso con ciertas características que le inquietaron al tratar con ella. Como conocía sus investigaciones actuales, que triangulaban una fuerte discusión sobre el inconsciente clásico, el nuevo inconsciente o los toques salteados por el surrealismo mágico de su vertiente cuántica, quiso proponerle un encuentro, aunque debía ser muy bien calculado y organizado para no asustarla.
A diez metros de la puerta del despacho, en primera línea de la playa, se detuvieron y claudicaron ante la caída del sol, tomando un improvisado asiento en el muro del paseo.
—¿Qué es lo que te hace pensar que tiene relación con mi investigación? —le preguntó, distraída, levantando una de sus piernas para apoyarla sobre la otra.
—Me llamó la atención. Ya sabes... el hecho de que a veces su mirada se retrotrajera, como si se vaciara mientras hablaba.
—Um... —susurró; aquel parecía ser un rasgo reconocido y susceptible de añadir a una lista—. Hay pocos individuos así... cierto. Ya hemos hablado sobre esto antes.
—Sobre lo que no hemos hablado —dijo, enfatizando— es sobre su influencia sobre los demás.
—¿Perdón? —preguntó, prestándole por fin atención completa, esa que hasta ese mismo instante se mantenía a medio gas por aquello de la multitarea.
—No te lo vas a creer, pero he observado que hay veces que, al tratar con otras personas, parece, y solo digo que parece..., que las identifica, las selecciona... ya sabes...
—No... no sé. ¿Qué significa que las identifica y las selecciona? ¿Para qué? —insistió en preguntar, arrugando su frente para concentrarse.
—Quiero decir... que las selecciona para hablar con ellas, pero en realidad no habla con ellas. Su conversación siempre parece tener un doble sentido. También sus ojos, los de las personas con las que habla... quiero decir —expresó con voz temblorosa—, se vacían por un breve espacio de tiempo. ¿Entiendes? Creo que tiene relación con lo que estás investigando, ¿no?
Un silencio incómodo se instaló en la conversación mientras el sol completaba, en ese mismo instante, su fase crepuscular de aquel domingo otoñal.
—¿Cuándo puedo verla? —preguntó taxativa.
—¿Vas a volver a la hipercivilización? ¿Tú? ¿En serio?
—Sí. ¿Qué problema le ves?
—¿Problema? Yo ninguno... pero es que no sales de este oasis particular desde hace cinco años.
—Pues ya ves. Toca salir cuando toca salir.
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The place from which she dispensed her wisdom on the psyche occupied a privileged geographical locus: a beachfront house that allowed the ocean waves to crash—with that specific background cadence characteristic of a professional surfer—against the beating hearts of her patients, solely to anchor their calm. And she knew it.
One late November afternoon, a university colleague paid her a visit and, taking advantage of his suggestion to walk along the seafront promenade, told her about a second-year student with certain traits that had unsettled him during their interactions. Knowing her current research—which triangulated a fierce debate concerning the classical unconscious, the neo-unconscious, and the subtle inflections imparted by the magical surrealism of its quantum iteration—he wished to propose a meeting, though it would have to be meticulously calculated and orchestrated so as not to startle the girl.
Ten meters from the door of her beachfront office, they stopped and yielded to the setting sun, taking an improvised seat on the promenade's seawall.
"What makes you think she has any bearing on my research?" she asked, distracted, crossing one leg over the other.
"It caught my attention. You know... the way her gaze would sometimes recede, as though her eyes were hollowing out while she spoke."
"Hmm..." she murmured; that seemed to be a recognized trait, one susceptible to being added to a ledger. "There are very few individuals like that... true. We’ve talked about this before."
"What we have not discussed," he said, laying emphasis on the words, "is her influence over others."
"Excuse me?" she asked, finally granting him her full attention—the kind that, until that very instant, had been idling at half-throttle on account of her multitasking.
"You won’t believe this, but I’ve noticed that sometimes, when dealing with other people, it seems—and I stress, it only seems—that she identifies them, selects them... you know..."
"No... I don’t. What do you mean, she identifies and selects them? To what end?" she insisted, furrowing her brow to concentrate.
"I mean... she selects them to speak with them, but she isn't truly conversing with them. Her dialogue always seems to carry a double meaning. And then there are their eyes—the eyes of the people she's speaking to—I mean," he expressed, his voice trembling, "they go blank for a brief span of time. Do you understand? I believe it's connected to what you're researching, don’t you?"
An uncomfortable silence settled over the conversation just as the sun completed, at that very instant, its twilight phase on that autumnal Sunday.
"When may I see her?" she asked peremptorily.
"You’re going back to hypercivilization? You? Seriously?"
"Yes. What problem do you see in that?"
"Problem? None whatsoever... it's just that you haven't left this particular oasis in five years."
"Well, there you have it. When it's time to step out, it's time to step out."
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她布道心理智慧的所在,占据着得天独厚的地理坐标:一栋临海别墅。海浪拍岸,带着职业冲浪者特有的那种恒定的背景韵律,一下下叩击着病患的心扉,只为换取他们内心的宁静。而她,对此了然于心。
十一月末的一个午后,大学里的一位同事登门拜访。他借着提议去海滨长廊散步的契机,向她提起了一位大二女生。那女生在交谈中展露出的某些特质令他深感不安。深知她当下的研究——正围绕着经典潜意识、新潜意识,以及其量子演化中魔幻现实主义的微妙折射展开激烈的三方博弈——他希望能引荐她们见一面。不过,这次会面必须经过极其缜密的计算与筹谋,以免吓着那女孩。
在距离她那间临海办公室十米远的地方,他们停下脚步,向落日余晖妥协,在海滨长廊的矮墙上随意找了个位置坐下。
“是什么让你觉得她跟我的研究有牵连?”她心不在焉地问道,顺势将一条腿搭在另一条腿上。
“她引起了我的注意。你知道的……她的目光有时会向后游离,仿佛说话时双眼被瞬间抽干了神采。”
“嗯……”她低声呢喃;这似乎是个已知的特征,一个足以被添入名录的特质。“像这样的人很少……确实。我们以前探讨过这个。”
“我们未曾探讨过的,”他加重了语气,“是她对他人的影响。”
“你说什么?”她问道,终于将全部的注意力投向了他——那种直到此刻还因多线任务而处于半怠速状态的注意力。
“说出来你可能不信,但我观察到,有时在与人打交道时,似乎——我强调,仅仅是似乎——她会甄别他们,挑选他们……你懂的……”
“不……我不懂。你说她甄别和挑选他们是什么意思?意欲何为?”她蹙起眉头,极力集中精神追问道。
“我的意思是……她挑选他们搭话,但实际上并没有在真正与他们交流。她的言谈似乎总暗含双重意味。还有他们的眼睛——那些正与她交谈的人的眼睛——我是说,”他声音微颤地表述道,“他们的眼神会在极短的时间内变得空洞。你明白吗?我相信这跟你正在研究的课题有关,不是吗?”
一阵令人不适的沉默笼罩了交谈,恰在此时,在这个秋日的星期天,太阳完成了它最后的暮光阶段。
“我什么时候能见她?”她语气决绝地问道。
“你要重返超文明社会?你?认真的吗?”
“是的。这有什么问题?”
“问题?一点也没有……只是你已经整整五年没踏出过这片专属绿洲了。”
“好吧,事实如此。该走出去的时候,自然就得走出去。”
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Место, откуда она изрекала свои познания о психике, располагалось в привилегированной географической точке: дом на первой линии берега, позволявший океанским волнам разбиваться — с тем особым фоновым ритмом, что присущ профессиональным серферам, — в такт бьющимся сердцам ее пациентов, дабы лишь умиротворить их. И она это знала.
Одним поздним ноябрьским днем ее навестил коллега по университету и, воспользовавшись своим же предложением прогуляться по набережной, рассказал о студентке второго курса, чьи определенные черты вызвали у него беспокойство во время их общения. Зная о ее текущем исследовании — в котором сталкивались в жаркой дискуссии классическое бессознательное, новое бессознательное и тонкие нюансы, привнесенные магическим сюрреализмом его квантовой итерации, — он хотел предложить ей встречу, хотя та должна была быть досконально просчитана и организована, дабы не испугать девушку.
В десяти метрах от двери ее кабинета на берегу они остановились и, уступая заходящему солнцу, устроились на импровизированное сиденье на парапете набережной.
— Что заставляет тебя думать, что это имеет какое-то отношение к моему исследованию? — рассеянно спросила она, закинув ногу на ногу.
— Это привлекло мое внимание. Знаешь... то, как ее взгляд иногда отступал вглубь, словно глаза опустошались, пока она говорила.
— Хм... — пробормотала она; казалось, это была известная черта, достойная того, чтобы внести ее в реестр. — Таких людей очень мало... это верно. Мы уже говорили об этом раньше.
— О чем мы не говорили, — произнес он, делая акцент на словах, — так это о ее влиянии на других.
— Прости? — переспросила она, наконец-то удостоив его полным вниманием — тем самым, которое до этой самой минуты работало вполсилы из-за ее многозадачности.
— Ты не поверишь, но я заметил, что иногда, при общении с другими людьми, кажется — и я подчеркиваю, только кажется, — что она их идентифицирует, выбирает... ну, ты понимаешь...
— Нет... не понимаю. Что значит идентифицирует и выбирает? С какой целью? — настаивала она, нахмурив лоб, чтобы сосредоточиться.
— Я имею в виду... она выбирает их, чтобы заговорить с ними, но на самом деле не ведет с ними беседу. В ее диалоге всегда словно скрыт двойной смысл. А еще их глаза — глаза тех, с кем она говорит, — я имею в виду, — выдавил он дрожащим голосом, — они на мгновение становятся пустыми. Понимаешь? Мне кажется, это связано с тем, что ты исследуешь, не так ли?
Тягостное молчание повисло в разговоре как раз в тот миг, когда солнце завершало свою сумеречную фазу в это осеннее воскресенье.
— Когда я смогу ее увидеть? — властно спросила она.
— Ты возвращаешься в гиперцивилизацию? Ты? Серьезно?
— Да. Какую проблему ты в этом видишь?
— Проблему? Никакую... просто ты не покидала этот свой особенный оазис уже пять лет.
— Ну, вот так. Пришло время выйти — значит, пора выходить.