BILLETES PARA EL YIN Y EL YANG II

Después de tres intentos infructuosos de retomar la conversación, se pudo restablecer la comunicación.

Fuente imagen:
Behance.net
Autor: Andrea de Santis
–Ahora sí. ¿Mateo?
–¿Lo has comprobado? –interrumpió agachando la cabeza pegando su cara a la webcam para preguntar. Desde esa posición la punta de su nariz se asemejaba sospechosamente a un hocico porcino.
–¡Aparta de ahí! –rió deshaciéndose un poco del ramillete de nervios que le acompañaba–. ¡Pues claro!Sí. En varias webs.
–Pero, ¿seguro?¿seguro?
–Síiii, segurooo.
–Esto...¡compruébalo en un local oficial!¡Mañana mismo!Y, ¿es mucho dinero?
–Pues...
–¡No!¡No! No me lo digas. No quiero saberlo hasta que llegue a casa. Me pondré más nervioso. No puedo hacer nada desde aquí. ¡Mierda, mierda, mierda! –declamaba en un monólogo momentáneo–. ¿Cuándo lo has mirado? –inquirió volviendo en sí.
–Ahora mismo. No podía dormir...Me he levantado, me he preparado un café y he comprobado el boleto hace cinco o diez minutos. ¿Qué hacemos? –preguntaba mezclando incredulidad con asombro a partes iguales e intermitentes–. Cuando he podido calmar el tembleque que me ha entrado y los dedos me respondían para marcar el teléfono, te he llamado. ¿Qué hagooo?
–¡Comprobarlo oficialmente! Te lo acabo de decir...¡Diossss qué nervios! No lo sabe nadie más ¿verdad?¿Cuánto es?
–¿No habíamos quedado en que no te lo decía? Pues no. No te lo voy a decir hasta que llegues a casa. ¡Cálmate!
–Vale. Sí, nos calmamos. Bien. Esto...y, ¿estás tú sola?¡Claro que estás sola!¡Estás tú sola!–exclamaba  paseándose por todo el salón.
–Mateo por Dios, ¡estate quieto!
–¡Es que no puedo!¿Seguro que lo has comprobado?¿Sabes lo que significa esto? Esto...esto...

Lo que no sabía todavía era que el montante económico era desorbitado para cualquier mente humana con los pies en la tierra. 244 millones. Sí. 244 millones de e-u-r-o-s. 244 millones de razones para volver a casa... a propulsión. Una barbaridad que Mateo hacía bien en desconocer hasta llegar a la península y ponerse manos a la obra para gestionar tamaña cantidad. 

–¿Podrías relajarte?¡Bastante tengo yo ya aquí! Estoy sola, es de madrugada, no podía dormir...me estoy comiendo las uñas...
-¿Te estás comiendo las uñas?¡Pero si tú no te has comido las uñas nunca!
–¡Pues imagínate cómo estoy!
Fuente imagen:
espaciocritico20.files.wordpress.com
–Bien, pensemos –concluyó caminando de extremo a extremo del sofá muy alterado.
Huelga decir que, en realidad por la cámara web se le intuía porque verle, lo que era verle...misión imposible. Incluso el ordenador parecía nervioso por las interferencias.

–¿Qué hago Mateo?¡Estoy que me subo por las paredes!
–¿Que qué haces? Pues...-gimoteaba sin saber qué decir…– . Lo primero de todo va a ser calmarte.
Eso...respira profundamente...Repite conmigo...
–¡Mateo! ¿En serio? ¡Que no estoy de parto, joder! –gritó perdiendo los nervios.
–¿Se te ocurre algo mejor? –preguntó indignado mientras ponía sus brazos en jarras ya sentado enfrente de la cámara.
–No...la verdad es que no. Perdona –acabó diciendo calmándose de golpe.
–Pues entonces respira y pensemos un poco.

El silencio inundó durante unos segundos ambos salones. Sus salones y dicho sea de paso, las telecomunicaciones. Durante ese intervalo de tiempo, la imagen era nítida. Tan clara que inquietaba. Casi se podían observar las pupilas brillantes de emoción en full HD. ¿Cómo era posible? La banda ancha recibía y enviaba señal de forma constante y sin problemas...






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