CAOS OCTOGENARIO: LA SALVACIÓN FINAL DIVERGENTE

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Diecisiete eran ya los señores mayores (muy mayores) que habían causado el caos a lo largo y ancho del país en una semana. La mayoría de ellos, octogenarios sin recursos, adujeron en su defensa haber padecido una epifanía.
"Tengo ochenta y siete años, mis hijos no pueden cuidar de mí, mi pensión no me permite pagar ni la hipoteca que firmé a 50 años y mucho menos los gastos diarios. Es la solución más viable que he encontrado" —explicaba Avelino a la salida de los juzgados mirando fijamente al foco de la cámara de televisión que le apuntaba—.
—Pero, ¿cree usted que la cárcel es la mejor solución?
—¡Ay, amigo mío! Espero verle en el camino y ya nos contará.
—Pero Avelino, matar a un ser humano para entrar en la cárcel...¿no cree usted que es un poco extremo?
—Yo no he matado a un ser humano cualquiera. He matado a alguien que estaba haciendo mucho daño a muchas personas.
—¿Un banquero? —espetó el reportero sorprendido asido a la alcachofa que se desmigaba con rozarla.
—Pues sí, mire. Se me ocurrió después de ver al señor aquel del norte que a principios de semana se encontraba en una situación muy parecida. Ese buen hombre sabía "mu" bien lo que hacía. Cogió la escopeta de caza y se lió a tiros en su pueblo en la puerta de los "juzgaos"..., y, créame, me pareció lo más acertado. Me dije, pues allá que voy yo. Total, ¿qué me van a hacer?¿Llevarme preso?Me recogen en la prisión, me dan de comer, me tienen en una cama, puedo leer, ver la televisión... y total, en dos semanas me quitan la casa. ¿Dónde voy a ir yo con lo mayor que soy?¿A dar trabajo a mis hijos y a mis nietos?
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—Avelino, no diga eso...¿No pensó en la opción de solicitar plaza en una residencia?
—Lo estuvimos mirando ya el año pasado pero no me dan plaza. Mi pensión no llega para pagar una buena. Ni una mala, tampoco —rió nervioso—. La cárcel tiene mejor comida y camas. Lo sé porque Eulalio, el hijo de la señora Margarita que vive debajo de mí, estuvo preso por tráfico de influencias.
—Oiga...que eso pasa en este país. En todos los países no existen penitenciarías tan acondicionadas.
—Pues ya lo sé, ¿por qué se cree que lo he hecho?¡Este es un país en el que las prisiones tienen muy buenas instalaciones!
—Pero también está usted preso. No tiene libertad de movimiento.
—Más preso estoy en la calle. Le he dicho que en dos semanas me quedo en la calle. ¿Sabe usted lo que significa eso?¿Sabe que no tengo donde vivir?
—Pero, hombre...no sé...seguro que existen más soluciones —decía el periodista sosteniendo el micrófono visiblemente aturdido por la argumentación clarividente que le ofrecía Avelino.
—Pues si tienen alguna mejor, les invito a que la proporcionen. No a mí —decía apenado mirando al suelo—yo ya llego tarde. A los ciudadanos que como yo, no tenemos nada que perder. De lo contrario puede que el gobierno se encuentre con una avalancha de octogenarios que solucionen sus problemas a cambio de la seguridad de tener techo y comida durante el resto de sus días.


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Escrito por Azahara Casanova: marzo 2018

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