MECHANICAL DOGS OPTIMAL SITUATION I

Fuente imagen:
http://books0977.tumblr.com
Autor: Ouka Lele
Título: Escuela de romanos
Acababa de apagar la luz y me acomodaba en el colchón intentando acurrucarme con una simple sábana como si (cosas de la ingenuidad del inconsciente) el hecho de que me llegase al cuello fuera suficiente para cubrir los escalofríos del inicio del otoño. 
Mi ritual del descanso se repetía con nocturnidad y conseguía dormirme con la única acción de cobertura de aquella capa de algodón manufacturado para el dormitorio. Soy de sueño fácil y de contradicciones puntuales de toda la vida. Como aquella noche. Comencé a dar vueltas. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Izquierda. Para cuando me di cuenta de la organización a pares que mi cuerpo seguía a ambos lados, comprendí que algo me inquietaba. Sé leer mis señales corporales. Es una ventaja ancestral que heredamos en mi familia transgeneracionalmente.
Esas señales tomaban fijación por mis piernas. En concreto, mi rodilla izquierda que inició un baile tamborilero de espasmos musculares.
Pasadas 2 horas corroboradas por mis miradas inquisidoras hacia el reloj de mesilla, y dado que no parecía conciliar el sueño, comencé a prestarles atención. Si no hubiese tenido formación militar, quizás ni lo habría relacionado pero, aquellos espasmos parecían seguir un patrón:
Espasmo largo, espasmo largo, espasmo corto, largo, corto, largo, corto, corto, corto, corto, corto, corto,  largo, largo, corto, corto, corto, largo, corto, largo, corto, corto, largo, corto, largo, corto, corto unos tres segundos de descanso y... Definitivamente aquello era código morse.
 Al principio solté una risa nerviosa pero poco a poco fue convirtiéndose en carcajada nerviosa. Sola y en mitad de la noche, tapé con ambas manos la boca intentando no hacer mucho ruido. Las paredes eran finas y no quise molestar al vecindario con mi nuevo entretenimiento nocturno. Después comencé a preocuparme. Di un brinco de la cama y corrí a por una libreta o un trozo de papel y lápiz que me permitiese anotar aquello. Por el pasillo comprobé que los espasmos musculares no se disipaban. Se supone que con el cambio de postura remiten pero no. No fue el caso. Tomé asiento en el borde de la cama y coloqué los instrumentos de escritura en la mesita de noche a la espera del nuevo ciclo. Mientras tanto, consideré aquello como enajenación mental transitoria provocada por la falta de sueño. Rozaban las 4 de la mañana y la décimo novena vez que anotaba el mismo ciclo, lo que consiguió convencerme de no estar alterada por la falta de sueño .  A la vigésima vez que anotaba exactamente el mismo mensaje (-- . -.-. .... .- -. .. -.-. .- .-.. / -.. --- --. ... / --- .--. - .. -- .- .-.. / ... .. - ..- .- - .. --- -. .-.-.) ,
mi asombro tomó forma de pregunta gigantesca. ¿Cómo iba a haber una transmisión codificada en morse a través de espasmos musculares?  Intenté hacer memoria. No recordaba nada al respecto en mis estudios superiores. Tampoco tenía conocimiento de ningún expediente, (ni común ni clasificado como alto secreto) desde mi incorporación al cuerpo de inteligencia (supuestamente uno de los tres mejores del mundo) que tratase un tema de estas características. Algo así, ni se oculta a inteligencia ni pasa desapercibido en ese campo. Si hubiese estado disponible lo sabría. 

Comparte:

2 comentarios

  1. Y una pastillita mágica para dormir? buena lectura, gracias por compartir

    ResponderEliminar
  2. Este tipo de perfiles no necesitan química externa. Ellos solos tienen unas capacidades que ríete tú de los opiáceos e incluso los alucinógenos... jeje. ¡Gracias por la lectura!

    ResponderEliminar