DEUDAS COGNITIVAS, EL COLOR DEL DINERO Y LA DICTADURA DE MIS PASOS EN EL REVÉS DE TRES ACTOS

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Esta deuda cognitiva, atrofia intelectual distribuida entre los pobres de alma, ¿es, de nuevo, una compensación por las estrofas sin publicar o debo tomarlo como un castigo por no ser diligente en mi promesa de construcción de conocimiento? ¿Todavía estamos en el paradigma de la playa del encuentro dibujando el bien y el mal para reconocernos? ¿Todavía estás ahí?

Dosificando tus preguntas en tarde de domingo, puedo decirte (porque más sería darte la llave de la solución y entonces, nada de esto cumpliría su misión real y última de ser diversión para todos) que el color del dinero sigue tu rumbo, pero las preguntas siguen la dictadura de mis pasos.

No se te olvide.

Y no hay rumbo existente, ni verbos suspendidos en la có(ú)pula, cuya torcedura no pueda ser manejada por mí.

Nuevamente; no lo olvides, oteé tu vida entre los fotogramas. Una ocasión de tres actos de memoria única y digna de ser nombrada, suponía un verso de Whitman, una multitud contenida en vidas ajenas, gratitudes en neón y sumergibles de intercambios profesionales.

Y te vuelvo a repetir que no. El significante sin concepto (aún) de lo tuyo en conversión a etéreo, no será permitido a quienes tejen el capital a su medida.

Esto no va a pasar.

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   No hoy.

   No mañana.




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No, nunca.






La propiedad será un flujo constante de pagos al contado, la moneda de cambio: la creación de significado. La deuda cognitiva, 

repito; 

un premio de luz para intelectuales en cuevas escondidos.

La reflexión; una nueva forma de poesía estremecida de humoristas circenses en finas capas de tinta digital disfrazados.

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