Abrió
la nevera para retomar la idea que le rondó a la hora de la comida
cuando descongeló la carne picada y se percató de que comenzaba a
tener ese olor sospechoso. Por supuesto que la picada de supermercado
había superado con creces su fecha de caducidad, pero para eso están
los congeladores, para mantener la comida el tiempo suficiente como
para cumplir con aquella planificación inicial para la que no
contaste con ellos salvando la situación cuando no cumpliste con
dicha planificación.
El
caso es que, a medio día la picada de carne de vacuno que quedó
medio descongelada iniciaba su proceso de descomposición y la guardó
para más tarde, para que le diese tiempo a pensar qué hacer con
ella. Y lo pensó: La cena iba a ser su última oportunidad antes de
ser devorada o desechada.
Cuando
llegó la hora, insisto, extrajo el tupperware de la nevera con la
carne ya perfectamente descongelada, lo abrió y acercó su nariz
para oler su contenido.
-Efectivamente.
Esta noche o nunca-comunicó a los astros como si tuviese una
conversación paralela con ellos.
Inició
el ritual de colocación de la sartén en los fogones, prendió la
fuerza de la naturaleza más acalorada, dispensó un mínimo de
aceite de oliva virgen extra de once euros el litro para acompañar a
una carne de dudosa ingesta y como kamikaze contradirección,
arriesgó iniciando el proceso de fritura.
Mientras
la carne se revolcaba en el aceite, intercalaba grácil su incesable
fortaleza de brazo izquierdo, con su especial admiración por los
cuchillos y el ejercicio del loncheado de varios ajos que la
acompañaran, a la carne digo. Esperó paciente a que la picada
adquiriese el típico color dorado y los ajos hiciesen lo mismo por
mímesis química. En el momento de la destilación de ese olor
característico del tándem carne de vacuno-ajos que sirve para
disimular su posible mal estado, sonó el teléfono:
 |
| Fuente imagen: enso symbol |
Versión mejorada según la IA:
Abrió la nevera para retomar la idea que le rondaba desde la hora de comer, cuando descongeló la carne picada y notó que empezaba a desprender un olor sospechoso. Por supuesto, la carne del supermercado había superado con creces su fecha de caducidad, pero para eso están los congeladores: para conservar los alimentos el tiempo suficiente y salvar una planificación que, en un principio, no los había tenido en cuenta.
El caso es que, a mediodía, la carne de vacuno, que permanecía semidescongelada, ya había iniciado su proceso de descomposición. Decidió guardarla para más tarde, con la esperanza de que así ganaría tiempo para decidir qué hacer con ella. Y tomó una resolución: aquella cena sería su última oportunidad antes de tener que desecharla.
Cuando llegó la hora, sacó el táper de la nevera. La carne estaba completamente descongelada. Abrió la tapa y acercó la nariz para comprobar su estado.
—Efectivamente. Esta noche o nunca —murmuró, como si mantuviese una conversación paralela con los astros.
Inició el ritual: colocó la sartén sobre los fogones, encendió el fuego, añadió un buen chorro de aceite de oliva virgen extra de once euros el litro para acompañar a una carne de dudosa procedencia y, como un kamikaze que no mira atrás, se lanzó a freírla.
Mientras la carne chisporroteaba, alternaba el movimiento constante del brazo izquierdo con el hábil laminado de unos dientes de ajo que la acompañarían. Esperó pacientemente a que la picada adquiriera el típico color dorado y los ajos hicieran lo propio por efecto del calor. Justo cuando se expandió por la cocina ese olor característico del binomio carne de vacuno-ajo, capaz de enmascarar su posible deterioro, sonó el teléfono:......
Versión en chino mandarín
他打开冰箱,试图重拾午餐时的那个念头。当时他解冻肉末,却察觉出一股可疑的气味。毫无疑问,超市买的绞肉早已过了保质期,但冰箱的冷冻室不正是为此而设吗?它能延长食物的保存期,足以弥补最初计划中的疏漏,在未能按时烹饪时挽救局面。
事实上,到了中午,那块半解冻的牛肉末已经开始变质。他决定先把它放回去,争取时间思考对策。最终他拿定了主意:这顿晚餐将是它在被丢弃前的最后机会。
时辰已到,他从冰箱里取出保鲜盒。肉已完全解冻。他揭开盖子,凑近闻了闻。
“果然如此。今夜,要么成功,要么毁灭。”他低声自语,仿佛在与星辰进行一场平行的对话。
他开始了一套仪式般的操作:将炒锅置于灶上,点燃烈火,倒入少许价值十一欧元一升的特级初榨橄榄油,以配合这块来源存疑的肉。他像一名不回头的敢死队员,毅然开始了煎炸过程。
当肉在油中翻滚滋滋作响时,他左手稳定地掌控着节奏,右手则熟练地将几瓣大蒜切成薄片,准备为肉增香。他耐心等待肉末变成诱人的金黄色,蒜片也因受热而呈现出同样的色泽。就在牛肉与大蒜混合产生的浓郁香气弥漫开来,足以掩盖其潜在变质气味的那一刻,电话响了:
---
versión rusa
Он открыл холодильник, чтобы вернуться к мысли, возникшей ещё во время обеда, когда он размораживал мясной фарш и заметил подозрительный запах. Разумеется, срок годности магазинного фарша давно истёк, но для этого и существуют морозильные камеры: они позволяют хранить продукты достаточно долго, чтобы исправить ошибки первоначального планирования и спасти положение, когда график готовки был нарушен.
Дело в том, что к полудню говяжий фарш, оставшийся полуразмороженным, уже начал портиться. Он решил убрать его обратно, надеясь выиграть время и решить, что с ним делать. И решение было принято: этот ужин станет последним шансом использовать мясо, прежде чем его придётся выбросить.
Когда наступило время, он достал из холодильника пластиковый контейнер. Мясо полностью оттаяло. Он открыл крышку и принюхался.
— Так и есть. Либо сегодня, либо никогда, — пробормотал он, словно ведя параллельный разговор со звёздами.
Начался ритуал: он поставил сковороду на плиту, включил сильный огонь, налил немного оливкового масла первого холодного отжима стоимостью одиннадцать евро за литр, чтобы сопроводить мясо сомнительного качества, и, подобно камикадзе, не оглядывающемуся назад, бросился его жарить.
Пока мясо шкворчало в масле, он ловко работал левой рукой, равномерно распределяя жар, а правой тонко нарезал чеснок, который должен был дополнить вкус блюда. Он терпеливо ждал, пока фарш не приобретёт характерный золотистый оттенок, а чеснок не поджарится вслед за ним. Именно в тот момент, когда по кухне распространился насыщенный аромат сочетания говядины и чеснока, способный замаскировать возможную порчу продукта, зазвонил телефон:......
---
versión en inglés
--
He opened the fridge to revisit the idea that had been nagging at him since lunchtime, when he had defrosted the mince and noticed it was beginning to give off a suspicious smell. Of course, the supermarket mince had long passed its use-by date, but that is what freezers are for: to keep food viable long enough to salvage a meal plan that hadn’t originally accounted for them, saving the day when one’s best-laid plans go awry.
The fact was, by midday, the semi-defrosted beef mince had already begun to decompose. He had put it back, hoping to buy himself time to decide what to do with it. And he had made his decision: this dinner would be its last chance before being binning it.
When the time came, he took the Tupperware out of the fridge. The meat was fully defrosted. He lifted the lid and leaned in to sniff the contents.
“Indeed. Tonight or never,” he murmured, as if holding a parallel conversation with the stars.
He began the ritual: he placed the frying pan on the hob, turned the heat up high, and poured in a splash of extra virgin olive oil—costing eleven euros a litre—to accompany the meat of dubious provenance. Like a kamikaze pilot with no intention of turning back, he committed to the fry.
As the meat sizzled in the oil, he alternated the steady movement of his left arm with the skilful slicing of garlic cloves destined to accompany the beef. He waited patiently for the mince to turn a characteristic golden brown, and for the garlic to follow suit under the heat. Just as the distinctive aroma of the beef-and-garlic tandem filled the kitchen, effectively masking any signs of spoilage, the telephone rang:
0 comentarios