NUESTRO CUENTO. CÓMO SALIR AL MERCADO SIN BASTÓN NI MEGÁFONO.




El local se situaba en una de las calles menos transitadas de la ciudad.
Como en todo negocio y por causa de la crisis, pese a que, los productos que la señora Pepita vendía de toda la vida eran conocidos en el barrio, sufría un descenso considerable de las ventas.
Un buen día, sonó por décima vez, la campanilla de la entrada. Algo inusual por otra parte, para ser miércoles. Un muchacho joven entraba por la puerta con aire decidido. De porte elegante para las tendencias actuales, vestía pantalón de pitillo, camisa de gasa con un estampado de ocas, cisnes y yaguasas. Encima, una parca marrón tres cuartos. En su cabeza, portaba sombrero de músico, gafas de pasta marrones y una barba de cuatro dedos de larga a la par que frondosa.

Fuente imagen: The retro/vintage scan emporium
-Buenas tardes.
-Buenas tardes-contestó cortés Doña Pepita.
-¡Tiene usted una tienda maravillosa, permítame que le diga! El diseño de interiores ¿quién se lo ha hecho?-preguntó.
-¿Por qué me lo pregunta?-interrogó frunciendo el ceño con aire de investigador a la defensiva.
-Porque de tener su teléfono me gustaría que me lo facilitase. Necesito un interiorista con gusto estético suficiente y creo que lo he encontrado. Su local tiene estilo propio del siglo XVIII, por supuesto por el edificio, que es mag-ní-fi-co - silabeó - además de incursiones de los años veinte, con toques de vanguardia combinado con retro giros posmodernistas. ¡Increíble!

Doña Pepita rió disimuladamente llevándose la mano a la boca. No había entendido nada. Como mujer nonagenaria, bastón en mano, caminó poco a poco hasta llegar exactamente donde se encontraba el posible cliente acercándosele tanto que el muchacho notó la invasión de su espacio personal por unos segundos.

-Le voy a dar su número de teléfono- susurró cerca de su oído apoyando su brazo en el del chico- pero dudo que le haga falta porque la tiene delante de usted- finalizó coqueta guiñándole un ojo.




















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