DEL ESPÍRITU RESOLUTIVO Y DEL ÉXITO DEL OFICIO DEL ZAPATERO

DEL ÉXITO DEL OFICIO DE ZAPATERO


-En realidad me introduje en el oficio por pura visión ahorradora.
-¿Qué quiere decir?
-¿Usted se ha dado cuenta de mi altura?Mido un metro noventa y nueve centímetros¿Se ha fijado en mis pies? Tengo una talla cincuenta y dos. Y lo peor de todo, es que ya tenía esta altura cuando apenas rozaba los diecisiete.
-A ver si lo he entendido. ¿Me está diciendo que se hizo zapatero...?

-Sí-interrumpió Mateo Prada - efectivamente. Solo quería ahorrarme el dinero que me iba a costar cada par de zapatos que me tendría que comprar. Esa era mi única motivación, por aquel entonces...

Mateo hizo un silencio de dos o tres segundos. Este tiempo es un vacío indeseable en todo programa de radio que se precie, de  ahí que el locutor, le inquiriese para que contase la historia, a su manera.

-Siga, siga. Me parece interesantísimo que con tan corta edad tuviese esa visión de futuro -expresó con magnificencia el presentador del programa.

-Le repito que la cosa es más simple de lo que parece. Rozando  los diecisiete...- dijo haciendo una pausa para la reflexión- sí... exacto, casi tenía los diecisiete años, pasé más de una semana enfermo, en cama, sin poder moverme, con fiebres altas...ya sabe lo que es eso. Todos hemos pasado por ahí alguna vez... Durante ese tiempo, no se lo va a creer, vi como mis piernas se alargaban, mis pies se hacían enormes y mis brazos crecían hasta llegar casi a las rodillas. Vamos una metamorfosis muy pero que muy extraña.
-¿Y sus padres?
Fuente: pinterest
Propietario: PRADA shoes.
-Mis padres ¿qué?- retornó la pregunta con extrañeza.
-Quiero decir. ¿Sus padres no notaron su cambio de estatura? ¿No le llevaron al hospital?
-Mis padres...um... recuerdo vagamente la entrada de un señor con bata blanca a mi habitación pero no recuerdo nada más. Tenga en cuenta que debí tener una temperatura de 39 o 40 grados durante toda una semana y no. No me llevaron al hospital, porque, entre otras cosas, era imposible moverme de la cama además de que mi padre no habría podido conmigo. Por aquel entonces ya medía cerca del metro ochenta y pesaba más de noventa kilos. Mi pobre padre no alcanzaba el metro setenta y cinco y era un hombre muy delgado, mala idea ¿no cree?
-En efecto, tiene usted razón. Pero prosiga, por favor, prosiga- continuó animándole para contar la historia.
-Al séptimo día de aquella febril semana de enfermedad...creo que era viernes- interrumpió de nuevo para hablar a solas en voz alta- sí...exacto... era viernes... debía ser a media tarde, debió disminuirme la temperatura. La habitación permanecía con las persianas levantadas y la luz era cegadora, que le voy a decir, manías incontrolables de una madre ama de casa obsesionada con la limpieza que no da tregua a la oscuridad, ni siquiera concediendo una breve licencia por su hijo convaleciente.

(Risas generalizadas del equipo)

-Bueno, algunos tenemos una camisa de ese color...

-Entonces, en el momento exacto en el que pude abrir los ojos y comprobar que ese martillazo gripal indeseable desaparecía poco a poco... ¿a que no se imagina que fue lo primero que vi?

-No sé... ¿El techo?-vaciló pensativo el presentador del programa.
-No, no... lo primero fueron ¡mis pies sobresaliendo por debajo de las sábanas y por fuera de la cama.!¿Se imagina el impacto?
-No entiendo...
-Pues es muy sencillo. El impacto visual para mí fue enorme. Piénselo...cuando enfermé mi cuerpo tenía el tamaño perfecto para la longitud de mi colchón... y pasados siete días...¡sobresalía a lo largo y los pies debieron aumentarme al menos 5 tallas!
-¡Ah!¡Oh! ¡Comprendo!
-Fue en ese preciso instante y aunque parezca una tontería, en el que mi espíritu resolutivo surgió de la nada porque recuerdo que pensé: "..mis padres no van a poder comprarme todos los zapatos a medida que necesitaré el resto de mi vida... "...tengo que hacer algo  con esto...".
- Y...entonces, ¿decidió ser zapatero?
-Así es. Fue en ese momento de lucidez. Ahí decidí que iba a ser Z-A-P-A-T-E-RO.



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