UN MONÓLOGO IMPENSABLE EN LA ESTRATOSFERA( I)

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En la entrada, un cartel de "Descatalogados" haciendo referencia a tres de los artistas invitados a la noche de monólogos que todos los jueves comenzaba rozando las once. Unas copas, saludos y varios amigos a los que devolver el cariño.
Para David, aquella era la noche de relax que se podía permitir durante toda la semana. Quedaban en aquel lugar por costumbre ancestral. Jaime, Ana, Antón y él, amigos desde el colegio, aprovechaban y con la excusa de sus trabajos, embarcados en el mundo del espectáculo o subyacentes, salían todos los jueves a intercambiar impresiones, comentar asuntos del sector, pero sobre todo, hablar y hablar por hablar.
Luces de stratosphere
Fuente imagen: Flickr
Autor: Thomas Shawk
Título: Stratosphere, neon sign, Las Vegas
Pasaban quince minutos de las doce de la noche. El local, abarrotado de nocturnos amantes de la comedia, seguía inmerso en esa oscuridad propia de los lugares de ocio dedicados a las actuaciones en directo y se esperaba la última actuación. Al mismo tiempo, David aseguraba a sus amigos que para él también era la última copa, en concreto el último trago de la que llevaba entre manos.
En el justo instante en que presentaban a la humorista en cuestión, el único hielo que quedaba en su bebida le atravesó la boca posándose, delicadamente en su lengua. Se quedó perplejo. Allí estaba ella. Cinco días después, presentando un monólogo de humor. Alejandra, la muchacha que abordó, poco acertadamente (dedujo después de analizarlo llegando a su casa aquel sábado), para ofrecerle sus servicios como representante artístico.

-Esta chica está en todas partes, pensó cayendo en la cuenta de que el hielo le acababa de insensibilizar las papilas gustativas.

Durante toda la actuación la observó, a sabiendas de que ella no se habría dado cuenta de su posición estratégica. Todos sentados en una de las mesas de la tercera fila desperdigados  y a oscuras. Imposible saber que estaba allí. Y así pretendía que siguiera.

-¿Tú no te ibas?- preguntó Ana entre risas,  intrigada por saber qué ocurría si ya le habían recogido incluso la copa.
-Sí, sí, me voy en cuanto acabe este monólogo. Me está gustando.
-La chica o el monólogo- carcajeó Jaime observando su embelesamiento.
-¡El monólogo imbécil! Estrictamente profesional- inquirió a su amigo con mirada "rayo láser".
-Pues como no le ofrezcas...yo que sé...la estratosfera...creo que no tienes posibilidades...me han dicho que no tiene representante, ni lo quiere...- murmuró Antón.

En ese instante la actuación finalizó y Alejandra recibía sus merecidos aplausos. Conseguir representarla: su propósito en firme durante las próximas semana. Primeros pasos: investigar dónde actuaba y convencerla de que él era su opción más fiable para poder dedicarse a esta industria.
Su esquema de prioridades comenzó a funcionar.


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