LA SEÑORA ABBOT, EL NOMBRE DEL VIOLINISTA Y LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA DE UN REGALO (II)

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
La señora Abbot, el doctor en casa...
Efectivamente un violinista...3
El panadero y su falso positivo...
Alcohol, no gracias...1
Alcohol, no gracias...2
Alcohol, no gracias...3
El amanecer willkommen...
La señora Abbot y el pan...1
La señora Abbot y el pan...2
La señora Abbot y el pan...3
La señora Abbot y el pan...4
La señora Abbot, el nombre del violinista...1
La señora Abbot, el nombre del violinista...2
La perspectiva hace la forma...
¿Por dónde iba...?
Ventajas y desventajas...1
Ventajas y desventajas...2
La perfecta alineación de unos zapatos...
El trastorno borderline...
La señora Abbot se va de vacaciones
El crucero cruzado, información inesperada...
El triatlón, la función musical para público especializado...
La señora Abbot, la pajarita que jugaba al póker y el momento...
Muchas pajaritas para tan poca isla...
Logaritmos neperianos...
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor I
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor II
La señora Abbot y el patrón inevitable de lo que vendrá.
La señora Abbot: tejiendo el inconsciente y sus patronistas.





-¡Siguiente!- gritó Aurelia mirando al tumulto.
-¡Yo!-contestó el violinista.
-¿Qué le pongo?
-Una de a cuarto, gracias.

Fuente imagen: Flickr
Autor: Pepe Serra
Aurelia visualizó a Jana de inmediato. Se posicionaba justo al lado de James, su vecino violinista, en el mostrador.

-¡Hola Jana! ¿Qué tal?-preguntó amablemente.
-Buenos días Aurelia, muy bien y vosotros.
-Ardiendo, ya ves.

El calor era insufrible. Matías se había modernizado y el pan lo sacaba del horno recién hecho. A primera hora de la mañana y hasta las doce aproximadamente, aquella caldera y sus ascuas, que antes sólo las padecía el hornero de madrugada, eran repartidas amablemente con todos sus clientes. Al fin y al cabo, el producto era excelente.
Reservado para un paladar exigente, su textura y sabor atraía a las masas. Por lo visto esa masa ingente de gourmets vivían en aquella ciudad y siempre, esperaban pacientemente su turno en "La boutique de los cimientos".

-¡Estupendo!-exclamó atareada mientras preparaba el pedido del caballero mirando a ambos de soslayo-¿lo de siempre?-preguntó a Jana a la vez.
-Esto..sí, sí...
-De acuerdo...

La panadera, además de ser una mujer recia multitarea, también tenía en su haber cierta intuición femenina. Detectó nada más verlos a los dos plantados y rígidos en el mostrador, que aquello era una situación forzada.

-¿Qué le debo?-preguntó James mirándose las manos para contar las monedas que llevaba.
-75 céntimos y...aquí tienes Jana, lo tuyo también preparado.
Pagaron los dos el importe exacto de sus pedidos, casi con movimientos sincronizados.
-¡Gracias caballero! ¡Gracias Jana!

En aquel momento giraron sus cuerpos a la par para salir de aquel pequeño infierno de calor y escucharon a la panadera decir:

- Por cierto...¡Lleváis un pepito, regalo de la casa para cada uno en la bolsa...! ¡Que tengáis un buen día!

Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos. ¿Qué significaba aquel regalo? ¿Sería intencionado? Llegando a la puerta su vecino la abrió para que saliese primero. Jana, ensimismada en sus pensamientos no paraba de darle vueltas al asunto:
¿El panadero matemático tendrá algo que ver con esto? Nunca antes me regaló nadie un pepito. ¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Qué ocurre con el pan? El pan es algo serio, es la comida...con el pan no se juega...¿Quién está jugando con el pan? ¿Ataulfo? La ametralladora no dejaba de dispararle preguntas.

-No. Él no tiene nada que ver con esto- soltó sin previo aviso James, que iba detrás de ella caminando firme(a sabiendas de que se asustaría).

Jana se volvió hacia él y lo miró con los ojos desencajados. ¿Aquel hombre podía leerle la mente?
-Lo que me faltaba ya para acabar de arreglarlo- claudicó dando una palmada.





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